Archivo mensual: julio 2012

William Kamkwamba, el adolescente que atrapó el viento y lo transformó en luz.

 

Fuente: http://www.noracismoynosexismo.org/spip.php?article163

Reseñado por: Edwin C. Rivera Manso

Malawi es uno de los países más pobres del mundo. Las dificultades a las que hace frente su población cada día, simplemente para sobrevivir, son difíciles de imaginar en el primer mundo. Pero los sueños, la imaginación y el interés por la ciencia son una herramienta poderosa en manos de todos los seres humanos, estén donde estén. Y William Kamkwamba es uno de los mejores ejemplos.

William Kamkwamba compatibilizó la escuela con el penoso trabajo en los campos de maíz hasta los 14 años, momento en que sus padres ya no tuvieron dinero suficiente para pagar sus estudios. Tuvo que dejar la escuela, pero su deseo de aprender y educarse era grande, y no se rindió. Siguió estudiando de forma autodidacta gracias a los libros que le prestaban en la biblioteca de la escuela primaria.

Un día, encontró por casualidad un libro llamado “Usando la energía”, que describía cómo se podía obtener electricidad a partir del viento usando molinos eólicos. Para William, acostumbrado a una vida en Malawi donde sólo el 2% de la población tiene electricidad, aquello fue una revelación. Decidió emprender el proyecto de construir un molino para su aldea que sirviera para bombear agua del pozo (en lugar de transportarla a mano durante horas) y obtener mejores cosechas de las huertas.

¿Por dónde empezar? Un adolescente que ni siquiera tenía recursos económicos para ir al colegio no lo iba a tener fácil para conseguir los componentes necesarios para su empresa. William recorrió los vertederos y reunió todo tipo de desechos, entre ellos el ventilador de un viejo tractor, los restos de una bicicleta, tuberías de plástico viejas…

Su familia y vecinos no lo tomaron muy en serio. William trabajó entre las risas de todos, pero no abandonó, a pesar de la dificultad.

En unas semanas, completó la construcción de su primer molino. Tenía un aspecto un tanto estrafalario, y nadie pensaba que fuera a servir de mucho. William conectó la batería del molino a unos cables, y estos a unas bombillas (un artículo inusual en la aldea, ya que todo el mundo dependía de las lámparas de parafina para el alumbrado nocturno). Y cuando las bombillas empezaron a lucir, las risas cesaron.

Con su primer aerogenerador, William consiguió electricidad suficiente para cuatro bombillas, una radio y la recarga del único teléfono móvil de todo el pueblo. Un gran avance, pero no era suficiente. William siguió trabajando en el diseño de los aerogeneradores con el fin de construir suficientes para abastecer la aldea. Paradójicamente, seguía sin tener dinero para ir al colegio.

Pero el primer molino atrajo curiosos y visitantes, entre ellos un periodista que publicó un reportaje sobre William. Tuvo tanto éxito fuera y dentro del país, que permitió reunir fondos para el proyecto de los aerogeneradores. Y para que William pudiera continuar sus estudios en un internado de la capital.

La historia del niño que construía molinos siguió expandiéndose. William Kamkwamba ha sido invitado a dar conferencias en varios lugares del mundo, que aprovecha para concienciar a quienes le escuchan acerca de las dificultades que atraviesa su país. Tiene en proyecto un documental y un libro donde relata su experiencia. En su aldea natal se están construyendo más molinos, que permiten que el agua se distribuya en las huertas y las condiciones de vida de sus habitantes mejoren. Y William sigue estudiando.

Todo esto empezó con una mente inquieta, un libro viejo, la capacidad de soñar y el deseo de aprender. Los libros, nuevos o viejos, están a veces disponibles, y otras veces no. Pero las otras tres cualidades son el mayor patrimonio de la Humanidad, y se encuentran en todos los lugares de la tierra, en todas las razas, edades y sexos. Que no se nos olvide.

Enlaces:

Puedes aprender más sobre esta historia consultando algunos de los enlaces que empleamos para escribir este artículo:

(Canalsolidario.org) La dinamo africana o cómo un adolescente de Malawi aprovechó el poder del viento

(Kurioso.wordpress.com) El niño africano que construía molinos de viento

(Ted.com) Talks William Kamkwamba on building a windmill)]

 

Edwin Rivera Manso es presidente de A Otro Nivel Enterprises and Ministries. Durante más de  una década ha sido consultor y conferenciante internacional en el tema de liderazgo, además de un predicador vibrante del Evangelio. Es autor de varios libros y materiales de liderazgo. También es animador del  programa radial vespertino Cerrando el Dia transmitido por Nueva Vida 97.7 fm en su natal isla de Puerto Rico. Para más detalles acceder a: www.aotronivel.com y a su blog motivacional: www.viveaotronivel.com

5 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

Requiem al Negrito Ñénguere… Carta de un Cocolo a un Reguetonero

Por: Edwin C. Rivera Manso

El extraordinario sonero puertorriqueño de 63 años de edad Junior “Hommy” González murió el pasado jueves 10 de mayo, aquí en nuestra amada Isla del Encanto, Puerto Rico. Su apodo “Hommy” lo debe a la vocalización de un disco, considerado por algunos como una de las joyas afroantillanas de la música salsa o uno de los discos más geniales de este género de todos los tiempos, “Hommy, A Latin Opera”.

Junior González nació el 7 de mayo de 1949 en Coamo, Puerto Rico. A la edad de 20 años emigró a Nueva York, donde estudió música y se desarrolló como cantante. En 1973 se unió a la orquesta del “Judío Maravilloso”, Larry Harlow, e inmediatamente consiguió el respaldo del público con la primera ópera salsera Hommy.

Esta pieza, que presenta la crónica de un niño ciego, sordo y mudo que aprende a tocar los tambores a pesar de sus

Carátula original de la producción “Hommy, A Latin Opera”

limitaciones, comprende en su relato un modo singular de vocalizar la historia de un mesías redimido a la festividad de su herencia sonora y en cuya lírica se encierra un mensaje positivo. “Hommy”, que significa agua en el lenguaje abacuá, fue, sin duda alguna, una propuesta musical y narrativa que marcó la trascendencia de la rítmica afroantillana en el mundo, como señala el profesor Hiram Guadalupe, musicólogo de la salsa.

El Negrito Ñénguere, fue otra de las composiciones que siempre acompañó a Junior González y que lo distinguió alrededor del mundo. Saco a relucir mi vena cocola, porque mientras escribo esta columna, tengo este cd “La Opera Latina” en mis manos, próximo a cumplir 40 años de difusión, el cual por la muerte de Junior, volví a buscar entre mis tereques. Y mientras lo escucho me pregunto, ¿porque la generación de mis padres tuvo un disco tan fascinante para escuchar y yo no encuentro en el referente de mi generación uno con el cual hacer parangón?

Soy loiceño de pura cepa, de una familia: negra, grande, alborotosa, bullanguera, salsera hasta más no poder y llena de mucha sabrosura. Por ella aprendí a amar este género. Mis padres, criados en los 70, de dos comunidades marginadas y de escasos recursos (barrio Las Panas en el sector Las Cuevas y las Parcelas Suárez en el sector de Medianía Alta, ambos en Loiza) se desarrollaron en paralelo al género de la salsa como expresión cultural del barrio. Mis padres, no fueron de la nueva ola, como muchos adolescentes de sectores del área metropolitana y/o de clases sociales pudientes; en l barrio lo que se escuchaba era salsa.

Con 34 años de edad viví mi adolescencia y juventud universitaria en la década de los 90, así que la música que marcó mi vivencia en el barrio, lo fue el “underground”, luego conocido como reggaeton.

El reggaeton, hijo también de la marginación, de las barriadas y de nuestras comunidades de escasos recursos, si lo contrastamos con la salsa, en mi más humilde opinión, aunque expuesto por todo el mundo, no logró desarrollarse hasta el punto de hacer contribuciones significativas de aporte cultural. No me mal entiendan, esta no es una crítica clasista, pero ilustro el punto con la siguiente interrogante, si tomásemos del 1992 al 2012 y tuviésemos que enmarcar los 5 mejores discos del género del reggaeton: ¿Cuáles serían? ¿Qué nos dirían acerca de nuestra generación? ¿Podríamos elevar algunos a patrimonio de la humanidad?

Penosamente, el reggaeton, se convirtió en una escena para hablar de: crónicas de muerte y asesinatos, presunción de tener dinero, sexo a mansalva y sin responsabilidad, vejaciones a la dignidad de la mujer reduciéndolas a objetos sexuales, etc…  Las nobles excepciones se ven en las aportaciones pioneras del rap en español de un veterano como Vico C, “el filósofo del rap” y la escena del Hip – Hop que se ha distinguido, mas que como un género, como una cultura; un movimiento de resistencia cultural desde diversas latitudes y nacionalidades: asiático, latinoamericano, europeo, afroaemricano, anglosajón, caribeño, etc.

Esa es mi tristeza, un género que se comercializó y se explotó un movimiento para discipular una generación que hoy vive en las calles, lo que 15 o 20 años atrás, cantábamos en nuestro barrio. Nuestras líricas de “vine a matar”, “explotar gente”, “volar cascos”, “corillos con peines full”… se ha convertido en la crónica social boricua de todos los días.

Una economía decadente, una crianza liviana y con falta de valores, una repartición desigual de las riquezas, décadas de abandono social en nuestros barrios de dependencia aprendida y forzada, han sido el acicate y el semillero para darle realidad a los héroes de mi adolescencia que coreábamos en canciones que exaltaban la violencia y el narcotráfico.

Nuestra generación no produjo un disco memorable como la Opera latina.

Cuando observamos el género hoy día, las buenas letras que tematizan: superación, motivación, consejos, apreciación a la vida, la cotidianidad de esta, son temas inexistentes, son más bien rarísimas excepciones. El contenido degradante y contra la vida, es el que predomina.

También, la salsa tuvo su degradación como género y sus temas que hablaron de drogas, sexo ilícito y otras tonalidades, pero aun allí, podemos señalar que fueron raras excepciones, lo que en reggaetón, son mas bien la norma. Esto también aplica a la realidad del gheto afroamericano, con el “gangster rap”, las comunidades mexicoamericanas con la variante de los “narco-corridos” y otros fenómenos musicales de las comunidades marginadas de latinoamérica.

Me gustaría exhortar a la generación musical que se aúpa, que recuerden que el arte es una columna vertebral de sostén y expresión a la cultura. Que los artistas son los profetas de esta generación. Que utilicen sus barras y libretas de chanteos para decir más y no menos. Que abracen un proyecto de país de educar al barrio, de fomentar la dignidad de nuestras mujeres, de convertirse en pacificadores de una calle en que se mata sin cuartel. Que la plataforma que el barrio les ha cedido, sea un instrumento de edificación. Que usen sus micrófonos y bocinas como armas a favor del bien y no un medio de diseminar maldad y corrupción.

Todavía hay mucho por hacer. Mientras, démosle al Negrito Ñénguere su Requiem. Esa oración que se reza en memoria de un difunto y esa composición musical que se canta con el texto litúrgico de la misa de los muertos, nos sirve de fondo para despedir a otro de los grandes que se nos va. Pero en el barrio, como dice Don Tite, a quien se le despide con honra, “se le llora porque se siente de verdad”.

Edwin Rivera Manso es presidente de A Otro Nivel Enterprises and Ministries. Durante más de  una década ha sido consultor y conferenciante internacional en el tema de liderazgo, además de un predicador vibrante del Evangelio. Es autor de varios libros y materiales de liderazgo. También es animador del  programa radial vespertino Cerrando el Dia transmitido por Nueva Vida 97.7 fm en su natal isla de Puerto Rico. Para más detalles acceder a: www.aotronivel.com y a su blog motivacional: www.viveaotronivel.com

2 comentarios

Archivado bajo Uncategorized

A Pie Por Mis Sueños

Ayer escuchando a mi amigo Héctor Millán en una charla para varones, fui deslumbrado por una de sus historias. Escucharle ayer, me reafirmó el poder que tiene la palabra para inspirar y desatar el potencial extraordinario que Dios ha puesto dentro de cada uno de nosotros. Héctor es un contador de historias nato. Solo 20 minutos le bastaron para electrificar el ambiente y dejar a aquellos hombres listos para tomar decisiones acerca de su destino.

Por eso decidí compartir con ustedes esta historia y titularla: A pie por mis sueños. El filósofo chino Confucio, gran pensador y  fundador del confucianismo dijo: “La travesía de mil millas comienza con un paso”. Grandes planes y sueños comienzan con pequeños pasos, pero acompañados de gran determinación. Hoy es un buen día, para dar ese paso inicial. ¡Quiera Dios y esta historia te anime!

Corría el año de 1958 cuando Legson Didimu Kayira, un joven de entre 16 y 17 años, originario de una aldea de Niasalandia en lo que hoy es el país de Malawi, después de asistir a la escuela de una misión escocesa, decidió que no quería un futuro en su analfabeta población y emprendió un viaje cuyo destino final sería una universidad, la que fuera, en los Estados Unidos.

Su nombre original era solo Didimu, tomado del río en el que una vez su madre lo aventó cuando niño para perderlo. Pero a este joven, pensando tan decididamente en su futuro en tierras americanas, se le ocurrió que debía llevar un nombre que sonara ingles, por lo que antepuso al de Didimu el de Legson.

El joven Kayira contaba con todos los elementos necesarios para lograr lo que se había propuesto; provisión de comida para cinco días, un cobertor, un hacha, los libros “The Pilgrims Process” de Bunyan y la Biblia, y lo básico; una voluntad irrefrenable. ¿Dinero para el avión o el barco?, no eran necesarios de momento y de hecho, no tenía idea de cómo los conseguiría.

El plan contemplaba llegar a El Cairo a más de 4,500 kilómetros al norte y el medio de transporte del que contaba eran sus delgadas piernas.

Desde luego que durante el trayecto, en varias ocasiones se le acabó el dinero y la comida, durmió a la intemperie, se debilitó, enfermó de gravedad y, en no pocas ocasiones, sintió la tentación de desistir y regresar con su familia. Para poder resistir la adversidad, Legson Didimu se aferró a su sueño gracias a la inspiración que le daban constantemente sus dos libros.

A los 15 meses de iniciada su odisea, el joven africano había ya recorrido 1600 kilómetros y se encontraba en Kampala, Uganda donde permaneció 6 meses trabajando y siendo asiduo asistente a la biblioteca.

Desde ahí, fue que mandó cartas a universidades americanas solicitando ingreso junto con una beca. No le costó trabajo obtener una respuesta afirmativa, el director de la primera universidad a la que escribió estaba tan impresionado con la historia del joven que de inmediato lo aceptó.

Pero ¿y el pasaporte y la visa?, Legson Didimu tenía que conseguirlos por si mismo. Se le ocurrió que podía escribir a unos misioneros que habían visitado su aldea cuando niño para pedirles ayuda y en poco tiempo, gracias a su intercesión, el joven contaba con los documentos.

Aún le faltaba un ingrediente, el dinero del pasaje. Legson Didimu continuó su viaje a El Cairo seguro de que de alguna manera lo conseguiría.

Después de varios meses más de seguir su recorrido, su historia se empezaba a conocer, gracias a lo cual, los estudiantes de su futura universidad hicieron una colecta pública en la que lograron conseguir 650 dólares, mismos que fueron enviados a Legson Didimu para cubrir su pasaje.

Fue así que, después de más de dos años de iniciada su travesía, Kayira llegó finalmente a su tan ansiada universidad americana siendo ya para entonces una celebridad.

Con el tiempo Legson Didimu Kayira se graduó en ciencias políticas y fue un respetable profesor en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, ofreciendo también cátedra por un tiempo en la Universidad de Gante en Bélgica.

Ha publicado varios libros, dentro de los que se encuentran “Ulíses Negro” donde cuenta su odisea y “El Servidor Público” donde narra el tráfico de personas en Sudan, África.

Kayira, colabora actualmente con la Universidad Livingstonia de su país natal.

Legson (el hijo de la pierna), que hace más de 50 años dejó su pueblo para recorrer caminando 4500 kilómetros hasta El Cairo, regresó para enseñarle a su gente todo lo que aprendió durante los años que le llevó cumplir con su sueño.

Artículo publicado por www.sinergocios.info

Fuente: “Unstoppable” de Cinthya Kersey. Retitulado por Edwin Rivera Manso. Acceda en: http://www.sinergocios.info/Public_html/index.php/motivacion/118-la-determinacion-de-legson-didimu-kayira.html

 

Edwin Rivera Manso es presidente de A Otro Nivel Enterprises and Ministries. Durante más de  una década ha sido consultor y conferenciante internacional en el tema de liderazgo, además de un predicador vibrante del Evangelio. Es autor de varios libros y materiales de liderazgo. También es animador del  programa radial vespertino Cerrando el Dia transmitido por Nueva Vida 97.7 fm en su natal isla de Puerto Rico. Para más detalles acceder a: http://www.aotronivel.com

Deja un comentario

Archivado bajo Uncategorized